Más Dermatología, n.º 45

Más Dermatol. 2024;45:13-15 doi:10.5538/1887-5181.2024.45.13 14 MI PACIENTE ES… Celulitis y dermatitis exfoliativa palmar Morales Franco B de origen bacteriano, y afecta a la dermis superficial y profunda. Se caracteriza por ser localizada y mostrar signos de inflamación aguda (dolor, calor local, eritema y tumefacción) y bordes mal delimitados1-3. Los gérmenes más frecuentes en las celulitis en personas inmunocompetentes son Streptococcus pyogenes, Staphylococcus aureus y, en menor proporción, microorganismos gramnegativos1,3. Entre los múltiples factores de riesgo de padecer celulitis, están presentar antecedentes de alergia, traumatismos, escoriaciones, fisuras, enfermedades asociadas (atopia, diabetes mellitus, micosis…), quemaduras, picaduras de insectos, climas tropicales o secos, o el contacto con agua salada o dulce1. Para el diagnóstico, tenemos que tener en cuenta el contexto epidemiológico y la clínica, preguntando al paciente por posibles factores favorecedores, como actividad laboral, excursiones al campo, mordeduras de animales, picaduras de insectos, onicomicosis, etc. En la celulitis, el paciente manifiesta dolor en la zona afectada, presentando una mácula generalmente eritematosa, de tamaño variable, a veces, acompañada de flictenas, fiebre y escalofríos, con bordes difusos, a diferencia de la erisipela, en que los bordes son netos. La toxicidad sistémica es variable, pudiendo presentar en el hemograma leucocitosis con desviación izquierda1. En la mayoría de los casos de celulitis no se realizan cultivos para aislar el agente infeccioso, por lo que el diagnóstico se establece, principalmente, a través de la historia clínica y el examen físico, realizando tratamiento empírico3. En el diagnóstico diferencial, hay que considerar contusiones, urticaria, dermatitis, carbunco cutáneo, piodermia gangrenosa, gota, fascitis necrosante, mionecrosis anaeróbica, trombosis venosa profunda, carcinomas erisipeloides, enfermedad de Kawasaki, o síndrome Sweet, entre otros1. En cuanto a su tratamiento, la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas en 2014, en sus guías para infecciones de tejidos blandos, clasifica las enfermedades infecciosas de la piel en purulentas y no purulentas, y las no purulentas, en leves, moderadas y graves, usando como parámetros de gravedad los signos sistémicos de infección, que definen como temperatura mayor de 38 °C o menor de 36 °C, frecuencia cardíaca superior a 90 l.p.m., frecuencia respiratoria mayor de 20 r.p.m., presión parcial de dióxido de carbono (pCO2) menor de 32 mm Hg, y leucocitos por encima de 12 000 células/μL o por debajo de 4000 células /μL. Consideran que las celulitis no purulentas sin signos sistémicos de infección pueden tratarse con antibióticos con efecto contra Streptococcus pyogenes en monoterapia por vía oral, recomendando penicilinas, cefalosporinas, doxiciclina o clindamicina (en caso de alergia a la penicilina)4. El uso parenteral estaría restringido a pacientes que presentan factores de riesgo como diabetes mellitus descompensada, que no toleran la vía oral, o que tienen complicaciones. El tiempo de duración FIGURA 2. Lesiones de las manos del paciente durante el tratamiento con doxiciclina.

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