Más Dermatología, n.º 34

mi paciente es… Más Dermatol. 2021;34:15-18 doi:10.5538/1887-5181.2021.34.15 15 Mi paciente es una mujer adulta de 39 años de edad. Empiezo con esta aclaración porque lo frecuente es que los pacientes que acuden con un brote de dermatitis atópica sean niños o jóvenes, dada la propensión de la enfermedad a mejorar con el paso de los años. Pero esta mujer llevaba toda una vida soportando brote tras brote de lesiones y prurito sin conseguir verse con la piel intacta más que de manera ocasional. Todo empezó cuando tenía 2 años, momento en el que fue diagnosti- cada. Desde entonces, además de los brotes de eccema en distintas locali- zaciones, había aumentado el grosor de su historia clínica con un querato- cono bilateral asociado al frotamiento ocular 1 , y un síndrome de ojo seco en tratamiento con ciclosporina tópica en colirio. Desde los 20 años de edad, había realizado tratamientos con PUVA (psoralenos y ultravioleta A) durante tiempo prolongado, ciclospo- rina y prednisona oral, tratamientos tópicos —glucocorticoides, tacróli- mus, emolientes, curas húmedas— y ustekinumab, como tratamiento por uso compasivo. Con todo mejoraba inicialmente, para recaer con facili- dad. En los últimos cinco años, se ha mantenido en brote constante. Mi paciente acudía a mí, enésimo especialista en su peregrinar, bus- cando una solución definitiva, una cura total, un milagro…, que yo no le podría ofrecer. Es comprensible que se encontrase afectada psicológica- mente, ya que no podía hacer vida normal, ni vestirse a su gusto, ni acu- dir a eventos sociales, ni ser capaz de hacer ejercicio en la piscina o en el gimnasio. Su familia sufría sus condi- cionamientos y sus tendencias depre- sivas, sobre todo, por el picor cons- tante, y temía «que la dejasen de querer». Pasé a la exploración para ver su situación clínica actual, que era de intensa afectación: presentaba ec- cema subagudo en los huecos poplí- teos y las flexuras de los codos, una de las localizaciones de elección (fig. 1); eccema en prácticamente toda la espalda, el pecho y el abdo- men (fig. 2), y en el cuello y la nuca (fig. 3). Además, tenía afectación de los párpados y queilitis. Se podían ver las huellas de cierta atrofia por corti- coides tópicos en algunas zonas. Re- fería intenso prurito generalizado y un deterioro llamativo de la calidad de vida. Recogidos todos estos datos en nú- meros, encontramos las cifras basales que se pueden ver en la tabla 1. Así pues, con el diagnóstico de der- matitis atópica del adulto grave (ín- dice de intensidad y gravedad del eccema o EASI [Eczema Area and Severity Index] mayor de 21, y escala de evaluación global del médico o investigador o PGA/IGA [Physician’s Global Assessment/Investigator’s Glo- bal Assessment] mayor de 3) refrac- taria a la medicación tópica y con experiencia previa con ciclosporina, Dermatitis atópica del adulto Elena González-Guerra Profesora asociada de Dermatología. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid. Médico adjunto. Servicio de Dermatología. Hospital Clínico San Carlos. Madrid. Directora del Máster en Dermofarmacia y Formulación Cosmética. Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

RkJQdWJsaXNoZXIy MTAyMDQzMg==