Más Dermatología, n.º 35

editorial Elogio de la dermatología cotidiana Más Dermatol. 2021;35:3-5 doi:10.5538/1887-5181.2021.35.3 4 autoinmunitarios complejos con el último trata- miento biológico a nuestra disposición sin corta- pisas. Afortunadamente —sobre todo, para el pa- ciente—, esto no es así en la mayoría de los casos: el ciudadano acude a nosotros por dificultades habitualmente menos graves. Y, ocasionalmente, por motivos serios también, para los que tenemos que estar preparados. Puede que de aquí, quizás, los dermatólogos hayamos tomado como veraz la vieja idea de que «el que hace lo mucho, hace lo poco». Pero, a modo de ejemplo, si a la mayoría de nosotros nos pidiesen que hiciésemos un simple KOH de una toma micológica o tuviésemos que coagular sin tener un electrocauterio a mano, una buena proporción, probablemente, no sabríamos hacerlo. La dermatología, para más abundamiento, es el paradigma de especialidad médica que mantiene en su corpus de conocimiento cientos y cientos de síndromes y enfermedades, pero la realidad es que son apenas una docena de procesos (de la derma- titis atópica al acné, pasando incluso por las verru- gas vulgares) los que copan el 90% de las consul- tas dermatológicas del ciudadano de a pie. Por si esta invisibilización histórica de lo común fuese poco, en los últimos tiempos, la llamada hacia la «superespecialización» en alguno de los campos concretos de la dermatología como necesidad im- periosa ante el crecimiento exponencial del cono- cimiento parece dejar poco margen de elección a quienes queremos seguir siendo dermatólogo y venereólogo general, que, sin llegar a ser el «der- matólogo total» ni el «dermatólogo-supermán», sí que atendamos o manejemos igualmente cáncer cutáneo, psoriasis, estética o venereología como una atención primaria dermatológica vocacional. En esa reivindicación, y en la puesta en valor de la dermatología del día a día, damos un paso al frente muchos dermatólogos, particularmente, los que ejercemos a pie de calle, sin el amparo de la sani- dad pública, solos —como Gary Cooper en la fa- mosa película— ante el peligro cada día. La situa- ción es al mismo tiempo tan simple como compleja: el paciente, que acude al médico y, en frente el dermatólogo, a quien aquel pide ayuda y este in- tenta ofrecer dos cosas, explicación y, si puede, solución. Y esta solución debe ser lo más sencilla, ágil y asequible posible. En este sentido, es clave desarrollar estrategias que reduzcan las visitas del paciente, porque, a menudo, los médicos tende- mos a pensar que el tiempo del paciente nos per- tenece y no nos preocupa hacerlo venir varias veces al hospital, perdiendo horas de trabajo, colegio, obligaciones familiares, etc. A modo de ejemplo, una verruga vulgar que se pueda dejar solucionada de una mínima infiltración de bleomicina en la primera —y, probablemente, única— visita es una forma de optimización que el paciente agradece. Otras enfermedades del día a día, como las que- ratosis actínicas, han sido siempre auténticas «ce- nicientas» en la práctica dermatológica hasta que fue la industria farmacéutica (un verdadero ele- fante en nuestra habitación), buscando pingües beneficios, la que nos ha hecho volver la vista sobre algo que ya siempre habíamos tenido ahí y no va- lorábamos. La dermatología, como la vida, también tiene caminos de «ida y vuelta», aunque raramente nos devuelven exactamente al punto de partida. La cirugía, uno de los cuatro pilares de la dermatolo- gía junto con la dermatología médica, la venereo- logía y la estética, es un buen ejemplo. Se nos ha educado para avanzar en una cirugía dermatoló- gica del más alto nivel, en un quirófano reglado y hospitalario, para que la dermatología «no sea menos que ninguna otra especialidad quirúrgica», apoyados en personal auxiliar y anestesista… Está bien, pero… ¿y si hubiese otros caminos? ¿Y si fuese posible reducir esa intervención a lo míni- mamente necesario, por ejemplo, tumorectomía simple, sin más? ¿Y si esa intervención se pudiese realizar con cirugía de mínima invasión en el qui- rofanillo de la consulta? Por ejemplo, extirpación por afeitado, coagulación química, desarrollando lo que podríamos llamar «cirugía de gabinete» o cirugía dermatológica simplificada, desprovista de todo artificio y no por ello menos resolutiva, todo lo contrario: incluso más eficiente. En realidad, esta reivindicación de la dermato- logía cotidiana sin complejo ninguno no es nada

RkJQdWJsaXNoZXIy MTAyMDQzMg==